Una aventura de mala suerte~
¡Hola! ¿Cómo están pequeños
y, de seguro aburridos lectores? Yo bien, aquí disfrutando de la playa.
Les quería contar sobre una
aventura que vivimos hoy con mis primos y un pequeño amigo, que manera de reír,
gritar, asustarse y tener mala suerte.
Para comenzar les cuento la razón de todo esto: íbamos a pescar… o lo intentamos.
Primero, nos metimos “A la mala” dentro del lugar, es decir, entramos sin permiso y sin pagar obvio.
Segundo, nos perdimos de camino, subíamos, bajábamos, nos golpeamos con ramas y arrancamos de insectos y al parecer ratas o conejos, o alguna cosa que movía los arbustos. Por suerte llegamos al lugar.
Tercero, el flotador de una de las cañas se salió y comenzó a alejarse por el lago hacia el otro extremo – 2 kilómetros o más-
Cuarto, la otra caña se desarmó en una parte.
Quinto, sin querer mientras recogía la caña se enredó.
Sexto, al intentar desenredarlo me hice un corte en el dedo.
Séptimo, unas vacas que estaban ahí comenzaron a acercarse y a mirarnos con odio - a una le pusimos “Toddy”-.
Octavo, las vacas bajaron corriendo hacia nosotros, razón por la cual tuvimos que salir corriendo del lugar antes de que sucediera algo.
Noveno, nos volvimos a enredar con los caminos, por suerte me acordé por donde mientras corría y tenía un pedazo de papel higiénico en el dedo para sacar la sangre de mi dedo.
Décimo, mi primo pasó encima de unas tablas, pero se rompieron haciendo que cayera en el agua, por suerte era en la orilla y sólo se mojó un pie.
Décimo primero, cuando pensamos liberarnos de las vacas y la mala suerte un ave lanzó sus necesidades al brazo – polerón – de mi prima.
Décimo segundo, al parecer unas vacas nos siguieron ya que se escuchaban tras los arbustos de donde estábamos.
Décimo tercero, un señor que se encontraba en el otro extremo del lago dio un grito haciendo que las vacas se acercaran a él… eran demasiadas, realmente le agradecí al señor que lo hiciera.
Décimo cuarto, por fin convencimos a mi primo de que nos fuéramos mientras las vacas no estaban y mientras volvíamos al camino inicial mi primo se quedó mirando una especie de ratas/conejos, la verdad es que no los vi, mi primo seguía mirando y estábamos tras de él por lo que tuve que empujarlo.
Décimo quinto y último, logramos llegar a la salida, pero como nuestra familia seguía en una playa tuvimos que esperarlos, por suerte cuando los llamamos estaban a pocos minutos de nosotros. Nos fuimos sin pescar nada, pero con una historia que nos hizo reír toda la tarde.
La verdad es que si volviese a ese lugar lo haría a la hora en que llaman a las vacas a comer, cosa de no encontrarme con ninguna, pero aun así no me arrepiento de haber ido a ese lugar, no sólo por las aventuras, sino que también por el hermoso paisaje que se pudo apreciar. Bueno, eso fue todo, ahora seguiré disfrutando mis vacaciones antes de entrar a la U. que sólo me queda un mes. Hasta luego. ¡Cuídense!
Para comenzar les cuento la razón de todo esto: íbamos a pescar… o lo intentamos.
Primero, nos metimos “A la mala” dentro del lugar, es decir, entramos sin permiso y sin pagar obvio.
Segundo, nos perdimos de camino, subíamos, bajábamos, nos golpeamos con ramas y arrancamos de insectos y al parecer ratas o conejos, o alguna cosa que movía los arbustos. Por suerte llegamos al lugar.
Tercero, el flotador de una de las cañas se salió y comenzó a alejarse por el lago hacia el otro extremo – 2 kilómetros o más-
Cuarto, la otra caña se desarmó en una parte.
Quinto, sin querer mientras recogía la caña se enredó.
Sexto, al intentar desenredarlo me hice un corte en el dedo.
Séptimo, unas vacas que estaban ahí comenzaron a acercarse y a mirarnos con odio - a una le pusimos “Toddy”-.
Octavo, las vacas bajaron corriendo hacia nosotros, razón por la cual tuvimos que salir corriendo del lugar antes de que sucediera algo.
Noveno, nos volvimos a enredar con los caminos, por suerte me acordé por donde mientras corría y tenía un pedazo de papel higiénico en el dedo para sacar la sangre de mi dedo.
Décimo, mi primo pasó encima de unas tablas, pero se rompieron haciendo que cayera en el agua, por suerte era en la orilla y sólo se mojó un pie.
Décimo primero, cuando pensamos liberarnos de las vacas y la mala suerte un ave lanzó sus necesidades al brazo – polerón – de mi prima.
Décimo segundo, al parecer unas vacas nos siguieron ya que se escuchaban tras los arbustos de donde estábamos.
Décimo tercero, un señor que se encontraba en el otro extremo del lago dio un grito haciendo que las vacas se acercaran a él… eran demasiadas, realmente le agradecí al señor que lo hiciera.
Décimo cuarto, por fin convencimos a mi primo de que nos fuéramos mientras las vacas no estaban y mientras volvíamos al camino inicial mi primo se quedó mirando una especie de ratas/conejos, la verdad es que no los vi, mi primo seguía mirando y estábamos tras de él por lo que tuve que empujarlo.
Décimo quinto y último, logramos llegar a la salida, pero como nuestra familia seguía en una playa tuvimos que esperarlos, por suerte cuando los llamamos estaban a pocos minutos de nosotros. Nos fuimos sin pescar nada, pero con una historia que nos hizo reír toda la tarde.
La verdad es que si volviese a ese lugar lo haría a la hora en que llaman a las vacas a comer, cosa de no encontrarme con ninguna, pero aun así no me arrepiento de haber ido a ese lugar, no sólo por las aventuras, sino que también por el hermoso paisaje que se pudo apreciar. Bueno, eso fue todo, ahora seguiré disfrutando mis vacaciones antes de entrar a la U. que sólo me queda un mes. Hasta luego. ¡Cuídense!
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| Esta la saqué mientras pescábamos. Bonito lugar ¿A que sí? |

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