Promesas~

¿Alguna vez le han tenido mucha confianza a alguien y luego se han dado cuenta que había sido una estupidez hacerlo? Bueno, a mí me pasó y no fue para nada agradable, no por el hecho de la “traición” sino que por la persona que lo hizo. De la persona de la cual hablo es… mi papá.
Desde muy pequeña siempre me prometía cosas que no podía hacer ya sea por su trabajo o porque iba a los bomberos –aquí en Chile a los bomberos no les pagan por lo que deben tener un trabajo aparte- ahora se arrepiente de haber pasado más tiempo fuera de la casa durante mi niñez, pero ya es tarde; como sea, a medida que fui creciendo comencé a escuchar las discusiones de mis padres basadas en “promesas sin cumplir” y fue ahí cuando me di cuenta de que las promesas que a mí me hacía tampoco las cumplía, de hecho ni recordaba si es que alguna vez lo hiso. 

A pesar de eso igual seguía creyendo en él y lo hice hasta mis dieciocho – ya tengo diecinueve por lo que fue hace poco esto- pero fue la última promesa la que “derramó el vaso”. Cuando ya tienes bisabuelos quienes tuvieron problemas del corazón por fumar y murieron por ello, abuelos que sin fumar han tenido problemas al corazón –uno de ellos es un zombi, ya que según él estuvo muerto por dos minutos- y tu padre es de los que no pueden pasar un día sin fumar es claro que te preocupas de que le puede pasar lo mismo…
Su última promesa… o mejor dicho, la última promesa en la cual creí fue cuando dijo que no volvería a fumar más, y si lo hacía sería el día en que me licenciara como profesional. Conté los días con orgullo durante tres meses, estaba tan feliz porque la única promesa que más me había importado la estaba cumpliendo… me mintió. No había llegado a los tres meses, ni siquiera estoy segura si llegó al mes. Tal vez piensen que es algo estúpido, pero cuando creces con promesas incumplidas llegas a un punto en el que te cansas y fue lo que me sucedió.

Ya no te creo nada papá



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