En donde estoy parada
Ayer mientras caminaba hacia
el paradero, noté como a la orilla de las casas crecían dientes de león. De
forma repentina recordé mi infancia, cuando buscaba todos los dientes de león
posibles, ya que mi mamá me había dicho que podía pedir un deseo y soplarles
para que se cumplieran. Entonces me di cuenta la rapidez con la que había
pasado el tiempo sin darme cuenta que crecía no sólo físicamente. Me pregunto
cuándo olvidé la magia de niñez, cuándo los dientes de león, la primera
estrella y la pestaña entre los dedos habían dejado de cumplir mis deseos; cuándo
el viejito pascuero, el conejito de pascua y el ratoncito de los dientes habían
desaparecido; y cuándo había cambiado mi lista de preferencias.
Crecí, cambié de tantas
formas, algunas para bien, otras no tanto, pero han formado lo que soy ahora.
Siempre puse a toda mi familia
en primer lugar, las defendí, quise defender lo indefendible, fingí que algunas
actitudes no me molestaban, quise ignorar que también podrían herirme, pero
cuando pensé en qué sucedería si no fuésemos familia y llegué a la conclusión
que por lo menos no me hubiese relacionado con un 90% de ellos. Lo único que
nos ata, no, que me ata a ellos, no es nada más que un lazo de sangre. Fue
entonces cuando comencé a alejarme aún más de ellos, a darle menos importancia
a todo lo que hacían y decían, a enfocarme en las personas con las que ahora
comparto un lazo por gusto y no obligación. Pero volví a cometer un error.
Reemplacé a mi familia por esta gente, ahora es a ellos a quienes les busco el
lado bueno de todo, ahora me importa la imagen que les doy a ellos, ahora me
volví a perder en el otro extremo. Salí de una cárcel mental para entrar en
otra y hasta ahora no me había dado cuenta, no entendí que debía preocuparme
por mí, gustarme a mí y que si alguien me aceptaba como soy estaría conmigo sin
ser una carga porque yo tampoco lo sería para ella.
Si bien repito que yo soy
primera, segunda y tercera en mi lista de preferencias, es en parte una
mentira. Sí, me preocupo por mí en muchas cosas -sin pasar encima de la gente,
claro-, pero siempre estoy pensando en si lo que hago está del todo bien, en
cómo me ve la gente por actuar así, etc. Y es entonces cuando mi segundo y
tercer lugar se desvanecen.
No sé en qué momento dejé de
apagar la televisión y evité prender el computador durante todo un día para
estudiar y, por el contrario, le di preferencia a estas dos y sólo comencé a
estudiar entrada la noche del día anterior a la prueba. No sé en qué momento
comenzó a ser más importante querer tener una pareja antes que una carrera; no
sé en qué momento dejé de darle más importancia a la materia de la clase para
ponerle atención a las charlas de mi grupo… crecí, pero comencé a comportarme como una niña ¡Siendo
que en mi infancia nunca hice esto! Crecí y me volví un maldito desastre.
Mis sueños de terminar una
carrera joven, de viajar, de vivir sola, de trabajar y comprar las cosas que
quiero con mi dinero, se van desmoronando de a poco, por mi culpa, por intentar
entrar en un grupo, por buscar seguridad entre las personas de mi alrededor,
por esperar a que ellas me acompañen a donde vaya, pero no lo harán, nunca lo
harán.
Y, por último, aún después de
tantos años, me sigo preocupando por el lugar que tengo en este mundo. Siempre
esperando que los resultados de test, por más tontos que fueran, dieran
resultados “buenos” o entrara en la categoría de “normal”. No soy única y especial, no soy igual al
resto, sólo soy yo, tengo actitudes que no todos tienen, tengo gustos que la
mayoría tiene, soy una combinación de diferentes cosas, pero que me hacen ser
yo y no es malo. Lo malo es seguir perdiéndome entre las personas en vez de
abrir mi camino y es eso lo que ahora tengo que hacer. Es hora de silenciar mis
secretos, de no volver a contar mis sueños ni mis problemas y, algún día cuando
todo lo que esperaba se cumpla, recién así la gente sabrá qué fue lo que pasó
por mi mente y, tal vez, les sirva de inspiración… pero es ahora, desde hoy, que una nueva yo, una mujer,
adulta, sepa guiar bien su camino y logre sentirse orgullosa de lo que logró.

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